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DOMESTICADOS

Miren si estamos locos que -voluntariamente- sostenemos un sistema que nos incita a gastar dinero (que no tenemos y por el que pagamos trabajando) en cosas que mayormente NO necesitamos (neuromarketing) y que compramos o adquirimos para así, generar una impresión ‘positiva’ (a poder ser de amor, admiración y/o envidia) en las personas con las que tratamos. 
Dicho de otro modo: trabajamos para comprar y vender una imagen de nosotros mismos. 
Y lo más interesante es que lo hacemos en sin darnos cuenta. Ni de lo uno ni de lo otro.
Por un lado aceptamos la Matrix como el menor de los problemas, y por el otro, nos hemos identificado tanto con esa imagen, que ni tan siquiera nos damos cuenta de que en verdad, no somos ese personaje. 
Y ojo, es muy loco darse cuenta de esto porque de repente te haces consciente de que si no eres quien creías que eras… Entonces ¿Quien coño eres?
Esto lo hablamos otro día, porque más loco todavía es ver como este sistema nos domestica cuando solo apuesta por el binomio empleado-consumidor, perpetuando así una rueda de hámster en la que no podemos dejar de dar vueltas mientras pensamos, erróneamente, que la felicidad está ahí fuera. ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀
Nos condicionan hasta el punto de hacernos creer que podemos vivir a base de sucedáneos, tergiversando el placer, la euforia o la satisfacción puntual, como si fueran la felicidad verdadera. Creemos que zanahorias como el dinero, el éxito o el reconocimiento son la máxima aspiración personal, sin ver en ningún momento, que son zanahorias nada más, que cuando las alcanzas, solo dan felicidad temporal.
A esto súmale un exceso de evasión y entretenimiento con las redes y los mass media y tienes la receta ideal para experimentar una crisis existencial perfecta..
De hecho, lo raro sería que no estuviera sucediendo porque entonces significaría el final. Pero che, celebremos que todavía no estamos tan muertos, un poco muy dormidos nada más. Quizás, quizás… Haya llegado el momento de despertar.
#palabrastransparentes

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