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La impaciencia nos jode la vida

Lo reconozco. A veces la impaciencia me puede. En cuestión de segundos me salta el muelle y reacciono -automática, inconsciente e impacientemente- ante el momento presente. 
Tiempo atrás esto de la impaciencia me incomodaba terriblemente y me sumergía en los tan (o no) conocidos ‘círculos de preocupación’. Estos círculos son bucles mentales en los que la impotencia, la rabia, el enojo y la frustración emergen en paralelo a la sensación de no poder cambiar el ritmo de lo que acontece. Como cuando vas con el tiempo justo y todos los -putos- semáforos se ponen en rojo. Parece a propósito… PERO NO.. Se trata simplemente de una distorsión provocada por nuestra mente que pretende acelerar el ritmo de lo que se cuece.
Estamos en el aquí, pero nuestra mente siempre está un poquito más allá. Ya sean unas pocas horas (cuando llegue), unos días (la semana que viene) o en breve (un par de meses o más).
Como sea, la impaciencia nos jode la vida. Nos provoca malestar y de una manera MUY sutil pero persistente, refuerza esa falsa creencia que la felicidad está a punto de llegar.
¿Viste? De ahí las prisas por que llegue..
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Lo curioso -sin embargo- es que a nadie le gusta ser impaciente y por eso mismo nos esforzamos en cambiar, sin darnos cuenta que la raíz nunca está en la superficie sino un poquito más atrás. (al fondo a la derecha de nuestra personalidad). Y es que bajo la manta de esta creencia hay una verdad un tanto incómoda y que poca gente quiere mirar: La verdad de no saber -y a menudo ni querer- estar con unx mismo a solas, no saber estar aquí y ahora y sobre todo, nos muestra esa tendencia suicida a estar todo el tiempo en un futuro irreal que nos convierte en esclavos de nuestra propia prisa mental.
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Lo interesante, al final, es ver que la impaciencia ‘no se cura’, se comprende, se acepta y se usa para una transformación real.
Y tú, ¿Cómo lo llevas?

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