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De comparaciones y críticas

Esta frase se la oí -creo- a Àlex Rovira en un programa de radio y recuerdo que pensé: “Joder, Es VERDAD”. Parece una frase hecha, de las que puedes encontrar en el refranero popular, pero no. Sólo lo parece. 
Vuelve a leerla porfa. Y ahora SIÉN-TE-LA.
Si eres completamente honesta, podrás percibir un pequeño escozor en la zona del plexo solar.
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Comparar y criticar son dos conductas que los humanos hemos asumido y normalizado hasta el punto de haber generado una emoción para ello: LA ENVIDIA.
Pero no nos culpemos. Así es como hemos sido ‘educados’. Ni más ni menos.
Todos (o la mayoría) hemos sido programados para evaluarnos a nosotros mismos en función de la comparación con el otro.
Nos han enseñado a sentirnos inferiores o superiores a alguien, y este hecho, tan inconsciente y anclado en cada uno, nos impide percibir que todo el tiempo nos comparamos, y acto seguido nos juzgamos. Si el balance salda a nuestro favor… Nos sentimos por encima, pero ¿y si el balance salda en nuestra contra?
GLUPS.
Ahí aparece la envidia. Un mecanismo psicológico de defensa del que la gente se quiere ‘curar’, cuando en verdad lo que realmente necesitamos es aprender a USARLA para nuestro bien-estar individual. 
Bien aprovechada, la envidia es una emoción con una capacidad transformadora muy-muy potente.
Solo que a esto, nadie nos ha enseñado a jugar porque -no nos engañemos- al Sistema le interesa que compitamos y nos matemos a críticas, no que nos ayudemos a mejorar y evolucionemos como sociedad.
Igual, yo, que me declaro anti-sistema, no me iba a quedar quieta con este tema y he publicado mi granito de arena: ENVIDIA COCHINA, un artículo (lo tienes en Escritos tanto en audio como en texto) en el que te comparto la fórmula alquímica para transformar esa envidia corrosiva, en una energía creadora, vital y constructiva.
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Ojalá (te) nutra y (te) sirva.

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